Sigue teniendo esa forma
de besar a cámara lenta, tan despacio, que reblandeció el reloj de los últimos 16 años en que no nos habíamos
vuelto a ver. Un beso suyo es como una
flor exótica que se despereza hasta despetalarse las comisuras. Ursula tiene un no sé qué narcótico entre la nariz y
la barbilla, capaz de anestesiar a todo
el mundo que me rodea, para convertir sus labios en miles de pececillos erosionándome los míos. Hay cosas
que afortunadamente no cambian
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Labios de amapola.
ResponderEliminar